La escuela que me gustaría.

En este nuevo curso me gustaría participar y colaborar en el desarrollo de una escuela formada por docentes con alta cualificación que tienen en su tutoría a un grupo muy heterogéneo de no más de 10 o 12 alumnos/as. Un grupo donde hay dificultades de aprendizaje, donde hay discapacidades asumidas por todos, donde hay un alto potencial de aprendizaje, niños y niñas que tienen diferentes orígenes y que tienen sólo en común las ganas de aprender y de pasarlo bien en  un  colegio que les ofrece oportunidades para desarrollarse íntegramente y donde los proyectos que realizan necesitan de las TIC, de un segundo y de un tercer idioma, de las artes, de la plástica, de la música, del conocimiento científico y de las áreas instrumentales para poder entenderse como un todo.

Sería fantástico encontrarme en una escuela en la que el docente ejerce una tutoría directa y trabaja a diario con las familias, las primeras interesadas en que la educación sea de calidad, para garantizar la formación en todos los niveles del alumnado a su cargo. Sería fantástico que las familias estuviesen integradas en las aulas.

Me gustaría encontrar una escuela ampliamente dotada de recursos personales y materiales en los que la realización de talleres de teatro, magia, cocina, cine, invención, investigación… potencien el aprendizaje entre iguales y por descubrimiento y que esto permitan vivir una gran cantidad de experiencias a los chavales.

Imagino una escuela sin parcelas de conocimiento donde el aprendizaje se fracciona y se separa. Imagino una escuela infantil y primaria sin especialistas  en la que el docente trabaja de manera coordinada y es una persona cultivada e interesada por la formación constante en todos y cada uno de los aspectos de la vida y por supuesto, es valorado por la sociedad a la que sirve.

Me gustaría aprender de los docentes que están haciendo cosas innovadoras y se atreven a cambiar métodos y prácticas en busca de optimizar el aprendizaje. Necesito nutrirme de esas experiencias.

Quiero una escuela en la que se garantiza la igualdad de oportunidades, que integra los valores de la Coeducación, de la Paz y de la Solidaridad. Quiero una escuela cuyo objetivo sea construir ciudadanos felices, participativos y críticos. Quiero una escuela inclusiva.

Imagenes:

El centro específico de Educación Especial

Hace ya muchos años hice las prácticas de magisterio en el centro de Educación Especial A.F.A.N.A.S. de Cádiz en el que tuve la suerte de entrar a “trabajar” una vez terminadas las prácticas, como colaborador en los comedores escolares. Pude mantenerme así en contacto con el día a día en el centro educativo una vez finalizada la carrera. Poco tiempo después participaba en las colonias de verano y empezaban los “contratos” de uno o dos días en las clases de maduración y en diferentes talleres. Fue una etapa muy interesante para mi formación como maestro y como persona que me sirvió muchísimo en mi primera interinidad en el centro específico “Virgen del Amparo” en la Línea de la Concepción, donde llevé un aula de Psicosis y Autismo. Allí estuve destinado a este centro dos cursos completos.

Desde entonces he tenido oportunidad de seguir en contacto con muchos profesionales de la educación especial que me han ido contando cómo cada día reciben a más y más alumnos y alumnas que vienen rebotados de la primaria y que cuando van a comenzar la secundaria son derivados al centro, lo que supone, no en pocas ocasiones, un duro golpe en la moral del docente que les ha estado tratando en los centros de primaria y que ha luchado por su integración. Sin embargo, suele estar bien visto por gran parte de las familias del alumnado derivado al centro porque así se abre la posibilidad de que permanezca escolarizado durante un mayor tiempo y sus hijos e hijas pasan a estar, perdón por la generalización, más “recogidos”.

Los docentes suelen ir y venir en este tipo de centro. Las plantillas, salvo un porcentaje muy pequeño de docentes, suelen estar formadas por provisionales y “ocasionales” que  piden un destino más cercano a sus localidades de origen a la menor posibilidad. Los centros de Educación Especial suelen tener carácter comarcal y están diseminados por toda la geografía andaluza.

Los centros específicos de educación especial son herederos de la clasificación y etiquetaje del alumnado a partir de la psicometría reinante en la década de los cincuenta, sesenta y setenta que nos llegaba desde los EEUU y de la necesidad de las organizaciones de familiares de chicos y chicas afectados por tal o cual síndrome, que ante la inactividad de la administración, se organizaban para atender asistencial y educativamente a sus hijos e hijas.

Hoy en día siguen siendo realmente necesarios dada la estructura del sistema educativo, pero una apuesta verdaderamente decidida por la inclusión y la sectorización-normalización de servicios educativos debería hacer que desaparecieran para dar paso a aulas de educación especial (suficientemente dotadas de recursos materiales y personales) en cada centro educativo público.

Sería interesante (evidentemente más caro, y es que nadie ha dicho que la educación sea barata) favorecer la escolarización del alumnado en su centro de referencia fuese cual fuese su discapacidad, problema de movilidad, de aprendizaje… y que este centro estuviese dotado de aulas de educación especial con personal docente especializado, maestros/as de audición y lenguaje, monitores/as escolares y equipo psicopedagógico y sanitario asignado al centro a tiempo completo, con lo que poder extender sus funciones a todo el alumnado escolarizado allí.

¿Se imaginan, por ejemplo, las funciones que tendría el personal sanitario (D.U.E) en un centro educativo?

Más info:

¿Cómo clasificamos al alumnado?

Hoy, 22 de agosto de 2012, vuelve a publicarse una noticia relacionada con la escolarización segregada por razones de sexo. El motivo principal por el que se rechaza el concierto a este tipo de centros es este:

El Supremo entiende que las ayudas públicas a estas instituciones son incompatibles con la Ley Orgánica de Educación (LOE), aprobada por el anterior Gobierno socialista en 2006. En esta norma, el marco de referencia para todos los sistemas de enseñanza del país, se fija que en la admisión de alumnos no podrá haber “discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición”

  • Ver la noticia completa aquí.

¿A qué se refiere la LOE con discriminación por nacimiento? ¿Qué entendemos por cualquier otra condición? ¿Crees que la clasificación por edades en los centros educativos es una buena solución pedagógica?¿Crees que es aceptable la escolarización en centros específicos de educación especial por razones como las dificultades en la audición o la vista? ¿Y si hablamos de movilidad? ¿Y por la capacidad intelectual en exceso? ¿Y si fuera por defecto? ¿Y si se les clasificara por el sexo?

Venga, respondamos abiertamente, pero cuidado, es muy difícil (al menos para mi) establecer una línea de separación entre lo correcto y lo adecuado para los propios chavales afectados. Nos podemos sorprender con las explicaciones que damos para un caso y las que les negamos a otros. Puede ser que caigamos en una contradicción al intentar explicarnos ya que es habitual considerar factible la agrupación, cuando hablamos de disminución en la capacidad intelectual, pero nos llevamos las manos a la cabeza cuando se habla de una selección de la excelencia…

En estas líneas intento aclarar mi posición al respecto. 

Es un hecho evidente que la organización de los centros educativos por edades que prima en nuestro sistema educativo es una opción, de las muchas posibles, que existen para desarrollar la formación del alumnado. Hay otros sistemas más o menos aceptados y aunque cada uno de ellos tiene una justificación didáctica y pedagógica clara, parecen no contar con la aceptación social suficiente y son considerados como una forma de separación inaceptable cuando se habla de ellos en general. Esta es una de las grandes mentiras que nos decimos a nosotros mismos sobre el sistema. Aceptamos unos criterios pero no otros en función del coste.

Aunque pudiéramos considerar un disparate clasificar al alumnado por razones de su capacidad física, por ejemplo, la verdad es que esta forma de derivar al alumnado a un centro u otro es una de las más aceptadas en muchas ocasiones, (curiosa la idea de las olimpiadas que se esgrime aquí) siendo a todas luces, una propuesta disgregadora y desintegradora. Incluso se sigue apostando por separar en pequeños grupitos al alumnado con NEE, hecho este que es mucho más reaccionario que otras propuestas con mayor repercusión mediática. Seguro que conoces a algún vecino, tienes algún familiar o sabes de alguien con alguna discapacidad en edad escolar que no se encuentra en su centro educativo público de referencia por algún motivo. Creo que esto nos diferencia de los países avanzados en el campo educativo, la forma de tratar la atención a la diversidad es el verdadero reto del actual sistema educativo.

En nuestro sistema se dan clasificaciones por nivel de inteligencia, por discapacidad, por sexo, por edad y por la razón que se nos antoje, hay ejemplos de cada caso, aunque otra cosa es que queramos admitirlo o no. Existen centros de educación especial especializados en una determinada discapacidad, fruto de la herencia de la diversificación de centros en función de las necesidades educativas especiales por razón de discapacidad (especialmente las sensoriales, aunque también son muy habituales los centros que tratan las dificultades motóricas), existen centros para chicas exclusivamente, centros para alumnado con altas capacidades…

Si esto es así, no entiendo por qué cerramos solo el debate de la clasificación por sexos, o por alto potencial deportivo, o cualquier otro criterio que decidamos como marcadamente discriminatorio y obviamos el resto. No somos lo suficientemente valientes para reconocer que el único sistema posible es el inclusivo y por tanto, luchar por él y además no somos lo suficientemente autocríticos como para admitir que eso exige de una inyección económica y de una renovación de estructuras importante, además de una capacitación profesional y social muy elevada, tanto, que no creo que seamos capaces de llegar a ella en décadas.

La opción menos contradictoria es la inclusiva, la de crear grupos heterogéneos reducidos (ratio igual a 10*) y variables en función de la tarea o aprendizaje (organización de talleres), con un tutor o tutora que realmente pueda ejercer esa labor tutorial de manera eficaz, partiendo de una clasificación por edades que contemple a todos sin excepción y comenzar con la anulación de cualquier modelo segregador, desde las aulas de apoyo a la integración a los programas de cualificación profesional. Especial atención merecen las aulas de educación especial que se ubicarían en cada centro educativo público consideradas como banco de recursos y no como aula física únicamente, que estarían dotadas del conjunto de personal especializado y materiales propios. Otra condición básica debe ser conseguir la formación específica en didáctica de todo docente (selección de los mejores expedientes) imprescindible para que este modelo sea posible.

Crear excepciones no es la solución, más bien, viene siendo el problema.

* La ratio debe ser reducida en los grupos donde se encuentren alumnos o alumnas con un grave trastorno o alteración tal y como se detalla aquí.

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Imagen: ‘left hand rotation.com’