El centro específico de Educación Especial

Hace ya muchos años hice las prácticas de magisterio en el centro de Educación Especial A.F.A.N.A.S. de Cádiz en el que tuve la suerte de entrar a “trabajar” una vez terminadas las prácticas, como colaborador en los comedores escolares. Pude mantenerme así en contacto con el día a día en el centro educativo una vez finalizada la carrera. Poco tiempo después participaba en las colonias de verano y empezaban los “contratos” de uno o dos días en las clases de maduración y en diferentes talleres. Fue una etapa muy interesante para mi formación como maestro y como persona que me sirvió muchísimo en mi primera interinidad en el centro específico “Virgen del Amparo” en la Línea de la Concepción, donde llevé un aula de Psicosis y Autismo. Allí estuve destinado a este centro dos cursos completos.

Desde entonces he tenido oportunidad de seguir en contacto con muchos profesionales de la educación especial que me han ido contando cómo cada día reciben a más y más alumnos y alumnas que vienen rebotados de la primaria y que cuando van a comenzar la secundaria son derivados al centro, lo que supone, no en pocas ocasiones, un duro golpe en la moral del docente que les ha estado tratando en los centros de primaria y que ha luchado por su integración. Sin embargo, suele estar bien visto por gran parte de las familias del alumnado derivado al centro porque así se abre la posibilidad de que permanezca escolarizado durante un mayor tiempo y sus hijos e hijas pasan a estar, perdón por la generalización, más “recogidos”.

Los docentes suelen ir y venir en este tipo de centro. Las plantillas, salvo un porcentaje muy pequeño de docentes, suelen estar formadas por provisionales y “ocasionales” que  piden un destino más cercano a sus localidades de origen a la menor posibilidad. Los centros de Educación Especial suelen tener carácter comarcal y están diseminados por toda la geografía andaluza.

Los centros específicos de educación especial son herederos de la clasificación y etiquetaje del alumnado a partir de la psicometría reinante en la década de los cincuenta, sesenta y setenta que nos llegaba desde los EEUU y de la necesidad de las organizaciones de familiares de chicos y chicas afectados por tal o cual síndrome, que ante la inactividad de la administración, se organizaban para atender asistencial y educativamente a sus hijos e hijas.

Hoy en día siguen siendo realmente necesarios dada la estructura del sistema educativo, pero una apuesta verdaderamente decidida por la inclusión y la sectorización-normalización de servicios educativos debería hacer que desaparecieran para dar paso a aulas de educación especial (suficientemente dotadas de recursos materiales y personales) en cada centro educativo público.

Sería interesante (evidentemente más caro, y es que nadie ha dicho que la educación sea barata) favorecer la escolarización del alumnado en su centro de referencia fuese cual fuese su discapacidad, problema de movilidad, de aprendizaje… y que este centro estuviese dotado de aulas de educación especial con personal docente especializado, maestros/as de audición y lenguaje, monitores/as escolares y equipo psicopedagógico y sanitario asignado al centro a tiempo completo, con lo que poder extender sus funciones a todo el alumnado escolarizado allí.

¿Se imaginan, por ejemplo, las funciones que tendría el personal sanitario (D.U.E) en un centro educativo?

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