Más sobre inclusión educativa.

Pocas veces una viñeta ha hecho tanto daño a la educación como lo está haciendo esta. Y es que creemos que el buenismo es la solución a algunos de los males del sistema educativo tanto obligatorio como post-obligatorio. Y no, no es así.

Pongamos un ejemplo, imaginen que varias personas se quieren sacar el carnet de conducir, cada una de ellas con una discapacidad como por ejemplo una sordera, una ceguera o simplemente una discapacidad mental. ¿Estaríamos hablando de que hay que adaptar la prueba a las diferentes personas o no serviría el ejemplo…? la respuesta sería clara ¿no? La prueba objetiva de hacer un recorrido urbano de quince, veinte o treinta  minutos no debe variarse. Creo que todos estamos de acuerdo. ¿verdad?

Y es que confundimos la prueba en si, que debe ser o constar de los mismos niveles de exigencia con las adaptaciones o ayudas que son necesarias para alcanzar el nivel, con el proceso que se ha de realizar para superarse.

Otro ejemplo, ¿estaríamos de acuerdo en decir que una persona con una discapacidad intelectual puede estudiar una carrera universitaria? Un sueño, qué bonito sería… pero pensemos que esa carrera universitaria es por ejemplo, medicina. ¿Y si entramos a la consulta del médico y resulta que nos va a tratar esa persona…? El “si quieres, puedes” es mentira. Es necesario querer, pero no es bastante.

Seamos realistas. El tener una discapacidad o un problema de cualquier índole hace que sea necesario un mayor esfuerzo, una mayor concentración de recursos, una mayor disponibilidad de oportunidades… pero eso tiene poco que ver con presentar diferentes pruebas, adaptadas en el nivel de exigencia, a cada uno de los aspirantes, alumnos, opositores… la integración, la inclusión, nada tiene que ver con garantizar el éxito sí o si, a las personas que presentan dicha problemática, tiene que ver con la adaptación de recursos, con el número de posibilidades o el tiempo de realización así como cualquier otra provisión de medidas que permitan la realización de la prueba, y hay que garantizar esas medidas, (soy un claro defensor de la escuela pública inclusiva y de la idea de calidad en la educación basada en el aporte de recursos y propuestas didácticas innovadoras) pero eso si, la prueba*, su contenido, debe ser igualitario, de ahí que personalmente no me muestre en contra de las pruebas escala o nivel, reválidas o pruebas estandarizadas en diferentes cursos o edades siempre que sus resultados se usen de manera adecuada.

Definamos bien el criterio que nos va a delimitar cuál es el nivel o rasero que va a decirnos si un chaval obtiene o no el mínimo, ahí está el problema, pero una vez hecho esto, es fácil evaluar positiva o negativamente a cada uno en una prueba o tarea y por tanto, en una materia o ámbito.

Pero entonces, ¡Oh, Dios mio!, ¡muchos de los chicos con NEE por discapacidad (y también sin NEE) no van a tener la primaria aprobada, ni la secundaria…. ! -Pues claro.

Por cierto, nunca me he encontrado en mi vida como docente a un pez y a un elefante en una de mis clases. Me he encontrado a chavales con más o menos problemas para poder acceder al currículum ordinario de la misma forma que el resto, y cada vez tengo más claro que son los recursos, las oportunidades, los materiales y las metodologías las que tienen que cambiar, nunca el nivel de exigencia para alcanzar tal o cual grado o etapa, porque eso contribuye a que nuestro sistema educativo esté como está y que en algunos casos, no sepamos si un chaval tiene aprobada la primaria, el segundo ciclo de la primaria o el primer ciclo de secundaria…

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*Tendríamos que hablar en otro post de las pruebas en sí, de la necesidad o no de exámenes y de la necesidad de las pruebas tal y como las entendemos hoy en día. También de lo grueso e inútil de un tanto por ciento muy elevado de nuestro currículum de primaria y secundaria y de la necesidad de eliminar lo superfluo y quedarnos con lo realmente indispensable para que las aulas de la etapa obligatoria fuesen realmente inclusivas.

La fábrica de proyectos

Siempre que voy a un nuevo centro, cuando tengo la suerte de impartir algún curso, o recibirlo, me fijo en los pasillos del edificio. Normalmente los pasillos reflejan la vida del centro. Lo que se hace, lo que no se hace, las dinámicas de aula, los ruidos y los silencios. Son como una mesa de trabajo de cualquier taller. Reflejan el día a día y los proyectos que están en marcha, lo que queda por hacer y el camino recorrido.

Hay pasillos y pasillos. A mi me gustan los que están a medio hacer, los que tienen mucha faena pendiente. Los que te muestran que se ha roto la dinámica única de clase en la que la chavalería está sentada cinco horas recibiendo información para pasar a ser el protagonista de la acción.

Un pasillo a medio hacer dice mucho sobre cómo se construye el conocimiento.

 

 

 

 

 

Más de lo mismo.

Primera reunión (y creo que será la última) con la tutora de mi hija que cursa 2º de Bachillerato en un grupo con casi cuarenta alumnos y en unas condiciones bastante malas por sonoridad, espacio… La desgana con que nos habla es cuanto menos, llamativa. Insiste en que están desbordados y que ya trabajan el máximo  tiempo establecido.  Ante la pregunta de si se pueden o no hacer desdobles, nos responde que no tienen recursos para eso y que ya hacen todo lo que pueden. La reunión de tutoría de principios de curso de mi segunda hija, esta vez en tercero de ESO, todavía no se ha celebrado.

En cualquier caso, entrego mis hijas a dos centros cada día de los que desconozco a los profesionales que pasan con ellas muchas horas a la semana y que influirán, irremediablemente, en su futuro. Creo que las familias no nos merecemos esto.

La mayor me avisa de que hay asignaturas, ya a estas alturas, que se han convertido en un verdadero cachondeo y que es prácticamente imposible dar clase. Y la selectividad en unos meses.

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Y dale con los especialistas…

¡Y Seguimos!IMG_20140313_122746

Seguimos pidiendo especialistas y  parcelando las respuestas. Seguimos exigiendo expertos en esto o en lo otro cuando lo que deberíamos pedir es que los docentes sean unos técnicos y expertos en su materia, la enseñanza, y por lo tanto, en superar las dificultades de aprendizaje.

“Aquí todo se arregla quitándome a niños de encima y quedándome en la clase con 20 estatuas que deben hacer su trabajito con el libro de texto calladitos durante cinco horas y sin molestarme a mi, que tengo la estufita al ladito de mi mesa… que para eso de educar ya están las familias.” Típico eso de “de aquí, la PT se podría llevar a 15…”

Me cabrea ver como día a día los docentes ponen excusas sobre el trato o atención que debe recibir un determinado alumno que tiene una etiqueta puesta. Los docentes debemos ser especialistas en el tratamiento de las dificultades de aprendizaje porque si no lo hacemos, ¿de qué somos profesionales? No se me ocurre una profesión donde uno  pueda evadirse de superar los problemas que conlleva su práctica diaria. Es como si un médico solo tratara a las personas sanas… ¡Para eso nos hemos formado!

No digo que debamos eliminar a los especialistas en Pedagogía Terapéutica, se les necesita en su justa medida, para atender a una reducida población escolar y este campo exige de una personalización de la enseñanza evidente, pero me parece que la solución no es seguir dando los palos de ciego que llevamos casi cuarenta años dando  ¿Todavía no nos hemos dado cuenta de que esto no funciona de esta manera?

Imagen: La escuela. Gracias a Julián Oslé, que me llevó a la exposición de fotografías del Cádiz antiguo expuestas en la Casa Pinillos.

Resolución de conflictos en el aula.

 

Uno de los temas que más preocupan al profesorado en general de los niveles básicos de enseñanza (primaria y secundaria) es la cantidad de conflictos y problemas de conducta que se suelen generar en las dinámicas de clase por muy diferentes motivos. Poder dar clase con normalidad se ha convertido hoy en día, en una tarea muy complicada en ciertas situaciones y centros, sobretodo de enseñanza secundaria.

Por este motivo, los profesionales acudimos a los servicios de apoyo y a la formación personal para poder tener suficientes argumentos y propuestas que nos posibiliten responder a estas interferencias. El problema se agudiza cuando los encargados de darnos estas ayudas dan respuestas disparatadas y completamente irrealizables en la mayoría de los centros educativos…

A veces se nos aconseja que se premie, mediante un sistema de contrato personal con el alumnado, por la realización de determinadas tareas  que el grupo (la mayoría) realiza naturalmente. Esta, entre otras, es una de las técnicas que se nos ofrecen como solución. Sobran los comentarios. Cualquiera que se haya asomado a una clase es capaz de dar al menos cinco razones de lo inviable de esta respuesta, no solo porque es una discriminación positiva, sino porque estamos midiendo con doble rasero y eso provoca la reacción del resto. Esto no hace más que profundizar en el síndrome del payaso de cumpleaños, que premia siempre al más porculero escogiéndole para ser protagonista, mientras que el niño o la niña que se porta bien se queda sin caramelos.

Analicemos nuestras didácticas y los comportamientos de las familias y encontraremos algunas respuestas.

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normas y limites

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Un reto veraniego.

Os propongo un reto…

Me ha llegado mediante correo electrónico una de las típicas presentaciones que explican el pasado y el presente de monumentos, edificios, etc. En esta ocasión, La estatua de la Libertad.  Lo curioso de este caso ha sido ver estas imágenes a las que no le encuentro explicación. ¿Podrías ayudarme?

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Siento no poder citar las fuentes de las fotografías al recibirlas incluidas en una presentación online. La única reseña es a la biblioteca del Congreso de  EEUU. Quizás eso ayudaría a resolver la cuestión.