Más de lo mismo.

Primera reunión (y creo que será la última) con la tutora de mi hija que cursa 2º de Bachillerato en un grupo con casi cuarenta alumnos y en unas condiciones bastante malas por sonoridad, espacio… La desgana con que nos habla es cuanto menos, llamativa. Insiste en que están desbordados y que ya trabajan el máximo  tiempo establecido.  Ante la pregunta de si se pueden o no hacer desdobles, nos responde que no tienen recursos para eso y que ya hacen todo lo que pueden. La reunión de tutoría de principios de curso de mi segunda hija, esta vez en tercero de ESO, todavía no se ha celebrado.

En cualquier caso, entrego mis hijas a dos centros cada día de los que desconozco a los profesionales que pasan con ellas muchas horas a la semana y que influirán, irremediablemente, en su futuro. Creo que las familias no nos merecemos esto.

La mayor me avisa de que hay asignaturas, ya a estas alturas, que se han convertido en un verdadero cachondeo y que es prácticamente imposible dar clase. Y la selectividad en unos meses.

ParoEscuelas_Aca

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Mediocres.

Comparto este escrito después de haberlo leído en facebook. Creo que no vulnero ningún derecho a la propiedad puesto que circula mediante correos electrónicos de manera alegre por la red y es de dominio público. Cito al que creo su autor mediante su twitter más abajo. En todo caso, es un escrito que nos debe hacer reflexionar sobre lo que estamos construyendo entre todos.

Lo pienso , aunque no lo he escrito yo:
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

@DavidJimenezTW

El blog de David Jiménez.

Visto y leído en facebook. by Reyes Mota.